Un consultorio pequeño, sin asistente
La historia comienza con un consultorio de cardiología en el que su servidor consultaba por la mañana y la fisioterapeuta por la tarde. Cada uno llevaba su propia agenda, sin asistentes, con equipo poco sofisticado, pero con un arte clínico elevado y empatía humana hacia los enfermos que acudían con nosotros.